Limitaciones a los fotógrafos de conciertos.

Cada vez más los grupos, cantantes mediáticos, y algunos no mediáticos, ponen más condicionantes para que se puedan tomar fotografías en sus conciertos.
Este sábado pasado acudí a un concierto de Santana en el Palau Sant Jordi, y para acreditar a los fotoperiodistas éstos tenían que renunciar gratuitamente a todos los derechos de las fotografías, y además con la obligación de entregar las copias de las fotografías.
En cambio no había restricción alguna para que el público pudiera hacer fotos con sus teléfonos.
El resultado fue que en los medios escritos aparecieron sólo 2 o 3 fotos del concierto, y siempre las mismas.
Fotos hechas desde el foso con apariencia similar a todas las que suelen verse publicadas en prensa de conciertos de famosos. Es decir, primer plano del solista, o un poco más abierto pero visualizado de rodilla para arriba; ese punto de vista contrapicado y cercano es lo que tiene, aísla al sujeto de distracciones, proporciona nitidez en él por lo cerca que está el fotógrafo del artista, permite desenfocar mucho el fondo y demás, pero son fotos aburridas; a mí me recuerdan a la cascada miles de veces fotografiada desde el mismo punto de vista en Islandia, que todos sabemos de cuál se trata, bonita, pero aburrida.
Volviendo a lo primero, yo puedo entender a Santana, en el sentido de que puede ocurrirle como le pasó a Jennifer López que publicó unas fotos de un fotógrafo en sus redes sociales, y ahora le reclaman él y su agencia más de un millón de dólares. Una buena manera de que no le pase lo mismo.
Por cierto, el concierto fantástico.
La misma semana presencié dos conciertos más, uno de homenaje a Pau Riba en el Teatre Grec y otro en el Palau de la Mùsica de un grupo de versiones de los Fleetwood Mac, llamado Rumours of Fleetwood Mac; el primero no me entusiasmó, pero el segundo valía la pena, y es que generalmente estos grupos de versiones suelen sonar mejor que los originales, básicamente porque los vocalistas de los originales ya la tienen degradada (la voz) por el paso de los años; suerte que Santana no canta. Y bueno, en ninguno de estos dos se permitían las fotos.
Yo aproveché desde la otra punta del pabellón para unas cuantas con el Samsung S22 Ultra y su objetivo de focal equivalente de unos 240 mm. Me parece que no hay ninguna otra marca que lo ofrezca; además permite el disparo raw con una calidad muy decente.
La exposición era muy complicada debido a que Carlos iba de blanco y con spots de luz dirigidos a él en casi todo el concierto, con lo que el contraste era muy exagerado.
Como referencia una toma en angular bastante subexpuesta desde mi posición, y a pesar de ello, los focos que iluminaban a la batería (la esposa de C. Santana) “desaparecía” bajo ese halo de luz.
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Saludos.
Este sábado pasado acudí a un concierto de Santana en el Palau Sant Jordi, y para acreditar a los fotoperiodistas éstos tenían que renunciar gratuitamente a todos los derechos de las fotografías, y además con la obligación de entregar las copias de las fotografías.
En cambio no había restricción alguna para que el público pudiera hacer fotos con sus teléfonos.
El resultado fue que en los medios escritos aparecieron sólo 2 o 3 fotos del concierto, y siempre las mismas.
Fotos hechas desde el foso con apariencia similar a todas las que suelen verse publicadas en prensa de conciertos de famosos. Es decir, primer plano del solista, o un poco más abierto pero visualizado de rodilla para arriba; ese punto de vista contrapicado y cercano es lo que tiene, aísla al sujeto de distracciones, proporciona nitidez en él por lo cerca que está el fotógrafo del artista, permite desenfocar mucho el fondo y demás, pero son fotos aburridas; a mí me recuerdan a la cascada miles de veces fotografiada desde el mismo punto de vista en Islandia, que todos sabemos de cuál se trata, bonita, pero aburrida.
Volviendo a lo primero, yo puedo entender a Santana, en el sentido de que puede ocurrirle como le pasó a Jennifer López que publicó unas fotos de un fotógrafo en sus redes sociales, y ahora le reclaman él y su agencia más de un millón de dólares. Una buena manera de que no le pase lo mismo.
Por cierto, el concierto fantástico.
La misma semana presencié dos conciertos más, uno de homenaje a Pau Riba en el Teatre Grec y otro en el Palau de la Mùsica de un grupo de versiones de los Fleetwood Mac, llamado Rumours of Fleetwood Mac; el primero no me entusiasmó, pero el segundo valía la pena, y es que generalmente estos grupos de versiones suelen sonar mejor que los originales, básicamente porque los vocalistas de los originales ya la tienen degradada (la voz) por el paso de los años; suerte que Santana no canta. Y bueno, en ninguno de estos dos se permitían las fotos.
Yo aproveché desde la otra punta del pabellón para unas cuantas con el Samsung S22 Ultra y su objetivo de focal equivalente de unos 240 mm. Me parece que no hay ninguna otra marca que lo ofrezca; además permite el disparo raw con una calidad muy decente.
La exposición era muy complicada debido a que Carlos iba de blanco y con spots de luz dirigidos a él en casi todo el concierto, con lo que el contraste era muy exagerado.
Como referencia una toma en angular bastante subexpuesta desde mi posición, y a pesar de ello, los focos que iluminaban a la batería (la esposa de C. Santana) “desaparecía” bajo ese halo de luz.
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